INGOBERNABILIDAD MAS TOLERANCIA IGUAL A DESEQUILIBRIO SOCIAL.

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INTRODUCCION.- Los momentos que vive actualmente el país, principalmente en sus aspectos sociales, económicos y políticos, crean ya una situación de incertidumbre, intranquilidad e inseguridad entre la población, que bien pudiera ser el preámbulo para exigir un cambio fundamental, que renueve o recomponga las acciones y actuaciones de quienes ostentan una responsabilidad para dirigir, encausar o vigilar el correcto ejercicio de la justicia social, de la aplicación de las leyes y de contar con gobernantes imparciales, profesionales y objetivos, para que anímicamente los habitantes recuperen la esperanza que están perdiendo debido a los sucesos y hechos que se presentan cada día y donde la ingobernabilidad y la tolerancia, son factores fundamentales que al estar presentes en la sociedad y no ser erradicados, siguen contribuyendo a que en el corto plazo podamos ser testigos de un desequilibrio social que pueda traer graves y hasta funestas consecuencias. El siguiente trabajo pretende presentar algunos de los muchos casos que se dan todos los días entre la sociedad mexicana, teniendo como objetivo principal. Que se pueda reflexionar a tiempo y actuar previsoriamente, antes de que caigamos en un vacío de lamentaciones y de situaciones irreversibles.

INGOBERNABILIDAD.- Cada día que vivimos dentro de nuestra familia, de nuestro núcleo habitacional, nuestra colonia, ciudad, estado y país, podemos observar la gran cantidad de situaciones que en determinado momento llegan a ser causa de la ingobernabilidad que nos rodea e incluso nosotros mismos podemos ser ingobernables para con otros. A todas horas podemos ser testigos del egoísmo, la injusticia, la mentira, la avaricia, la vanidad, la venganza, la gula, la prepotencia, la corrupción y tantos otros calificativos que se pueden dar a cada suceso, sin que en la mayoría de los casos hagamos o intentemos hacer algo para detener las malas acciones, las malas decisiones o incluso hasta una mala aplicación de las leyes y del ejercicio de gobernar por nuestros representantes, cuando se olvidan de la finalidad para la que fueron electos y la función real que deben desempeñar para con quienes depositaron en ellos su confianza.

En la familia se puede apreciar la ingobernabilidad, cuando el padre de familia es irresponsable, no cumple con brindar lo indispensable a la familia, situación que igualmente se puede reflejar en la madre, que con un carácter indomable, lo único que se consigue es el aislamiento y alejamiento entre cada uno de quienes integran el grupo familiar, principalmente cuando hay de por medio drogas o vicios que complican el hecho de que se pueda tener armonía entre todos los congéneres. La consecuencia se reflejará muy pronto entre los hijos, que aunque de niños pueden ser caprichosos e inconcientes de sus actos, a una temprana edad y dentro del tipo de familia desequilibrada en que se desarrollan, pronto se volverán también ingobernables, pues actualmente ya entre los diez y doce años, el niño ya busca su independencia, pretende actuar por sus propios impulsos, por lo que piensa o lo que le inculcan otros menores mal encaminados y lógicamente que esto conllevará a que se vuelva rebelde y actúe contra las decisiones de sus padres, cayendo en la ingobernabilidad y creciendo en un ámbito donde adoptará la ley de la selva, donde el más fuerte

y más osado, será el que sobreviva dentro de la sociedad, para lo cual se unirá a pandilleros, drogadictos y al no tener una educación básica, se convertirá en un delincuente, para poder obtener el sustento que ayude a sus necesidades.

Dejando atrás el hogar, nos internamos ahora dentro del núcleo social, pasamos a recorrer la ciudad y de inmediato nos damos cuenta de la ingobernabilidad que se da por todos lados: el hombre o mujer adinerado, que en auto lujoso se pasa un semáforo, se estaciona en lugares prohibidos, que comete tantas otras faltas más y que lo convierten en ingobernable, porque realizará estas acciones cada que así lo quiera, sin importarle si existen reglamentos y si los está violando, pues su calidad de alta jerarquía económica lo sacará adelante, según el pensamiento de mucha gente de este tipo. El caso del operador del transporte público que maltrata a los pasajeros, que maneja irresponsablemente, que no respeta normas, señalamientos y que también se vuelve ingobernable, porque generalmente no hay quien le ponga un límite y si existe, pues con dar una “mordida” se soluciona la situación, por lo que la ingobernabilidad seguirá prevaleciendo.

Tener la necesidad de asistir a una oficina gubernamental para cumplir con algún requisito o solicitar algún servicio, no deja de ser tensante para la persona, tan sólo de pensar que se perderán varias horas del día en lograr cubrir su necesidad, que posiblemente se encontrará con gente intransigente o irresponsable que la hará sujeto de sus caprichos, le hará dar vueltas de un lado para otro, le replicará no haber cumplido con todos los requisitos o documentos para su trámite y tantas cosas más que hacen que el ciudadano esté predispuesto a una situación difícil, todo porque el servidor público también es un ingobernable al no cambiar de actitud, al no ser más sensato y sobretodo por la prepotencia de decir que el es indispensable en ese puesto y que nadie puede removerlo, por lo que su egolatría se seguirá alimentando cada que trate mal a quienes requieren de su servicio.

Las actitudes buenas y malas se pueden ver a diario y uno de los casos más ejemplares es en el poder judicial, donde la aplicación de las leyes y la ejecución de la justicia, pronta y expedita, no dejan de ser solamente términos lingüísticos, pues hay que ponerse en la realidad que vive alguien que ha sido implicado en algún presunto delito, para conocer si realmente se aplican las leyes como lo garantiza la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ya que la violación a las garantías individuales se ven a diario y al ser sucesivas, son una muestra de la ingobernabilidad que existe como consecuencia de los vicios adquiridos por quienes tienen en responsabilidad y que al no cambiar lo que consiguen es seguir destrozando las garantías individuales y sus derechos como ciudadano. El aislamiento, la incomunicación, la falta de una defensa, la detención sin conocerse los cargos por la que se ejecuta, a los que se puede sumar las amenazas, el maltrato físico y hasta la sentencia sin haberse realizado un proceso judicial hasta la última esperanza de defensa, son más muestras de ingobernabilidad que por desgracia hace que en todas las cárceles existan detenidos sin acusación, con proceso pendiente o que por carecer de recursos económicos, no puede luchar por su libertad y el que se encuentren confinados de esta manera, igualmente es muestra de la ingobernabilidad que hay en el área judicial. A esto podemos sumarle la gran cantidad de delincuencia profesional que actúa libremente en todo el país, manejando gente y grandes cantidades de dinero, sin que puedan ser

sometidos o desminuidos en sus labores, lo que también demuestra que hay ingobernabilidad.

Decir que la sociedad mexicana se basa en un gobierno democrático y de leyes, pudiera ser verdad cuando el sistema de gobierno se aplicara al pie de la letra, así como lo hicieron en la antigüedad los griegos, que fueron los fundadores de la Democracia y que las leyes se respetaran y se aplicaran con todo el fundamento que contienen, pero al no suceder así, al no haber honestidad, veracidad, imparcialidad y efectividad, el ciudadano por lógica tiende a desmoralizarse, a catalogar las leyes y sus fundamentos como inservibles, pero sobre todo tener una imagen de personas incompetentes a quienes se les ha asignado la responsabilidad de hacerlas vigentes y aplicarlas como debe ser.

Y es precisamente en el poder Legislativo, donde la población ha presenciado la mayor cantidad de casos de ingobernabilidad, que incluso además de hacerse públicos, han trascendido por los medios de comunicación a un carácter internacional, que nos demuestra como un país en retroceso gubernamental, donde no demostramos ser una Democracia, sino una gran Aristocracia, un pueblo débil en valores políticos y de gobierno, con una gran riqueza territorial, pero con una gran pobreza humana por la mala distribución de los bienes y el acaparamiento de los grandes capitales por unas cuantas personas o empresas y por quienes han saqueado a México durante varios siglos y en la actualidad aún lo siguen haciendo y la lograrlo, siguen demostrando la ingobernabilidad que padecemos.

Es precisamente en sus gobernantes, donde los ciudadanos depositan su esperanza para que se puedan llevar de manera equilibrada los destinos de nuestra nación, para que busquen la mejor manera de que avancemos, de que progresemos, de que se distribuya la riqueza, de que haya justicia y asistencia social para todos, de que sean justos y se demuestren como gobernantes profesionales, con sabiduría y deseos de servir a sus compatriotas, pero que lejos estamos de poder alcanzar esas metas, cuando podemos observar como, y con toda tristeza y sentimiento, como los diputados y senadores no pueden lograr acuerdos comunes, no pueden tomar decisiones sabias, no logran tomar las riendas del país para llevarlo por buen camino, pero si en cambio podemos ver sus muestras de ingobernabilidad, cuando de lían a golpes unos con otros en plenas cámaras, cuando los miembros de equis partido político toman por asalto la tribuna y se declaran libertadores y portadores de los mejores deseos para los mexicanos, cuando son el vivo ejemplo de nuestra ingobernabilidad, pues no hay quien los detenga y que por hacer lo que les viene en gana, pasan a ser ingobernables olvidándose que ocupan una curul gracias a la buena voluntad y confianza que les dió la ciudadanía.

La ingobernabilidad no sólo se puede ver en unos cuantos individuos o en pequeñas agrupaciones, sino que la ingobernabilidad también puede arrastrar a grandes masas y esto como consecuencia de que un ingobernable, contagie a la multitud con sus ideas y pensamientos y los conlleve a rebelarse y convertirse en ingobernables, haciendo que tomen grandes plazas o avenidas, plantándose en lugares de los que llegan a decir que son poseedores y que nada ni nadie puede contra ellos, aunque estén incluso en riesgo de provocar un choque social que pudiera ser de lamentables consecuencias, esto en referencia a los casos que se han dado en la ciudad de México, pero que en otros estados del país, ya ha cobrado muchas víctimas y todo como

consecuencia de la ingobernabilidad. La guerrilla en el sureste del país es otro ejemplo de ingobernabilidad; las manifestaciones de los maestros en varios estados, los movimientos sindicales donde los líderes convocan a sus agremiados a ser rebeldes con el gobierno, pero donde prevalece ante todo el convencionalismo particular, la búsqueda de poder, de riqueza y de mantener un don de mando que fuera eterno.

Es precisamente en el medio político donde se pueden originar muchas situaciones de ingobernabilidad, como consecuencia de las malas decisiones de los partidos o la ambición desmedida de unos cuantos dirigentes de conservar el poder por unos o de alcanzarlo por parte de otros, pero donde prevalece un marcado egoísmo y un afán de engrandecimiento político y económico, sin importarle muchas veces sobre quien deban pasar, sean personas, instituciones y incluso sobre el mismo pueblo, sabedores que de lograr el triunfo político, obtendrán el poder que los llevará a grandes alturas, que los convertirá en dirigentes de masas, en gobernantes, pero que muchos de los gobernantes en base a su egolatría se volverán prepotentes y consecuentemente ingobernables.

Se pueden dar infinidad de casos de ingobernabilidad y los que se suceden todos los días, siendo muy notada la diferencia de donde se actúa con honestidad, con criterio, con sabiduría y donde los mexicanos pueden aún depositar la poca confianza que les queda, cuando se ven decepcionados por el sistema de gobierno y por de forma en que se desarrolla nuestra sociedad.

TOLERANCIA.- Pero la ingobernabilidad no camina sola, sino que va acompañada por la tolerancia, que viene a ser un factor determinante en la vida social, para que no se puedan solucionar los vicios que tiene nuestra vida diaria. Dentro de la familia los padres pueden ser tolerantes, dejando de llamar la atención a los hijos, descuidando su educación y dejándolos hacer lo que quieran, sin ponerles limitantes en sus acciones, que por lo regular los llevan a caer en malos pasos, en vicios y acciones que pueden ir en perjuicio de su formación; la apatía de los padres en su cuidado los llevará a tomar rutas que los echarán a perder y a convertirse incluso en un daño para la sociedad, que finalmente tendrá que aplicar las leyes para hacerlos entrar en razón, aunque esto también ya será difícil si llegan a caer en una cárcel.

En nuestro país tenemos la mala costumbre de ser tolerantes en todo lo que nos provoca daño o perjuicio en nuestra vida diaria, pues son muy contados los casos donde se actúa con razonamiento y se aplica la disciplina como debe de ser; somos tolerantes a la violación de reglamentos, de leyes, de disposiciones que ven por llevar una mejor forma de vida, pero por lo regular nos vamos por la salida más fácil, que es volvernos ignorantes a lo que se hace mal, de dejar hacer a otros cosas indebidas y sobretodo de no hacer uso de la denuncia, para no meternos en situaciones que nos quiten tiempo, tal vez dinero y de lo que no esperamos recibir mayor beneficio.

Uno de los vicios más marcados dentro de nuestra sociedad sin duda es la corrupción, la cual tenemos prácticamente presente todos los días y en la mayoría de las situaciones, por ser la forma más fácil de salir de nuestros problemas, antes que enfrentarlos como debe de ser, pues un trabajo o un favor a cambio de dinero o de otro favor, hace más ágil todo un proceso que

por lo regular no nos gusta llevar a cabo sobretodo si se trata de algo complicado.

Toleramos la pobreza, los malos gobernantes, las malas actuaciones, las malas decisiones, pero principalmente toleramos la corrupción que se hace presente casi en todos los rincones de nuestra sociedad, pero que a pesar de saber que son cosas malas, seguimos siendo tolerantes y no vemos por cambiar o mejorar nuestros malos hábitos, sino que nos hacemos de la vista larga o de oídos sordos, tan sólo para no complicarnos la existencia y ante estas actitud definitivamente no podemos esperar mejorar nuestra forma de ser y de mejorar en nuestro entorno social.

Como mexicanos somos muy tendientes a ser tolerantes de casi todo lo que nos perjudica. Toleramos la crisis, la inflación, los malos gobiernos, las malas leyes, las imposiciones de todo tipo, la demagogia, el engaño, la farsa, los malos sueldos, hasta las malas amistades, pero no hacemos mucho para cambiar y esto al final de cuentas tendrá que reflejarse en un desequilibrio social que tarde o temprano tocará fondo y llevará a fincar los cimientos para que se haga una nueva revolución, una vez que ya no se pueda seguir con esta tolerancia.

Si todo lo anterior lo viéramos como si se tratara de un cuento, entonces podríamos decir que había una vez un hombre que era carretonero y tenía su caballo y su carruaje para comercializar sus artículos, pero era tan ambicioso y tan avaricioso, que cada vez quería ser más rico. Cuando ataba su caballo al carruaje, el arriero golpeaba inmisericordemente al animal para que andara lo más rápido posible, lo que el cuadrúpedo no podía hacer por lo pesado de su carga, por lo que tenía que soportar el castigo de su amo, pues sabía que al final de la jornada su mejor premio sería un puñado de pastura para calmar su hambre, pero de cualquier manera la exigencia de su tutor y los golpes de todos los días lo estaban llevando a la intolerancia.

Y esto era un martirio de todos los días, hasta que una vez el caballo comprendió que lo que quería en arriero era que avanzara más rápido, por lo que de repente y sacando fuerzas de su interior, inició una gran carrera desbocadamente, se salió del camino y el carretonero tratando de controlarlo lo seguía golpeando, pero el animal no se detenía, entrando en terreno irregular y ante tanto brinco hizo que el carretonero cayera del vehículo y quedara sembrado en el piso, pero el caballo siguió corriendo, por lo que el carro comenzó a destrozarse por tanto brinco y tanto golpe, quedando hecho padazos hasta que finalmente el caballo ya no sintió su carga y finalmente se detuvo, se dio cuenta que ya no había quien lo golpeara ni tenía carga pesada que arrastrar, por lo que al sentirse libre detuvo su alocada carrera, respiro y tranquilamente se puso a pastar para saciar el hambre tantas veces contenida por estar atado al carruaje, pero ahora todo eso había terminado.

Ante lo anterior podemos considerar al pueblo como el caballo que jala el carruaje, el carretonero como el gobierno que lleva las riendas del carro y el carruaje como el sector productivo de nuestro país, pero donde la ambición de poder y de riqueza del que se encuentra en el poder, hace que cada vez se golpeé más fuertemente al pueblo, el cual como el caballo llegará un momento en que tendrá que reflexionar y entonces iniciará una actitud de rebeldía para tratar de librarse de su yugo y no parará hasta que quede libre como el caballo. El sector productivo ejemplificado en el carro, que también es jalado por el pueblo, es el que sufrirá las consecuencias de la alocada carrera del caballo,

pues al estar en una revolución es el sector productivo el que más resentirá las consecuencias y todo terminará hasta que el pueblo detenga su carrera, se libere de su castigo y de la carga que lleva para poder sentirse liebre y comenzar una nueva vida, donde la opresión no sea ya su castigo de todos los días.

CONCLUSION.- Los mexicanos somos gente emprendedora, con ideas e iniciativas propias, creadores y con inteligencia de amplio reconocimiento, con leyes y un sistema de gobierno independiente basado en la Democracia, pero donde desafortunadamente está presente la ingobernabilidad y la tolerancia, que son vicios que debemos empeñarnos en erradicar en la mayor cantidad posible y en el menor tiempo, para que podamos tener una espectativa de vida más llevadera, donde la justicia y las leyes se respeten y se apliquen como debe ser, abatir la delincuencia con penas más severas, incluso con la pena de muerte para los casos más graves, pues de nada nos sirve tener malvivientes que estando en las cárceles aún tenemos que mantenerlos e incluso por causa de la corrupción siguen siendo un peligro para la sociedad al maquinar en su aislamiento una gran cantidad de delitos.

Nuestros gobernantes deben ser capaces, responsables, profesionales y objetivos en su desempeño y dejar de pensar solo en ostentar el poder para alago de su vanidad, para tener un gran sueldo amparados en la política y pensar que son indispensables y por eso no pueden desaparecer del ámbito gubernamental, sin importarles que caigan en la ingobernabilidad y ser tan tolerantes cuando no actúan por principios ni a favor de toda la sociedad, acaparando riqueza que el mismo pueblo pone a su alcance, pero que una vez ya en el poder se olvidan de equilibrar la repartición de riqueza y de la justicia social que tanto hace falta aún en todo el país.

Uno de los mayores defectos de nuestra sociedad sigue siendo la corrupción, ya que gracias a ella se mueve todo lo que se quiera, pero mientras la sigamos tolerando o viéndola apáticamente, será muy difícil que la podamos disminuir y también será factor importante para que se inicie una nueva revolución en nuestra sociedad, donde los luchadores sociales tendrán que batallar para disminuirla hasta su más minima expresión y de esta forma conocer que si se puede mejorar la forma de vida, se puede tener un gobierno más llevadero, más consciente y justo, donde los habitantes deberán ser los más favorecidos, pues en la actualidad ya no se les engaña tan fácilmente con demagogia y dándoles atole con el dedo o como dicen por ahí, al pueblo pan y circo, lo que ya no es de nuestros tiempos ni se lleva con las nuevas generaciones, que son más realistas y observadores, para designar a la gente que consideran más adecuada para que lleve las riendas del gobierno.

Tenemos que ser más rígidos en la aplicación de nuestras leyes y no estar pensando solamente en como derogar las que ya existen, así como su estricto cumplimiento y fomentar aún más el derecho de la denuncia entre los ciudadanos, porque ya debemos dejar de ser tan tolerantes e ingobernables, sino que tenemos que acatar todas las disposiciones que nos lleven a ser mejores como mexicanos, como familia y como núcleo poblacional, con gobernantes éticos y responsables que no solo vean en el poder o en la representación popular, un escalón para su beneficio particular, sino que sean sensatos y ayuden a cambiar la ingobernabilidad y la tolerancia, antes de que pueda ser demasiado tarde.