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Gracias mamás!

“Estaba él diciendo estas cosas cuando alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: ‘dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron’. Pero él dijo: ‘dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan” (Lc. 11, 27-28).

Estas palabras que recoge el Evangelio de San Lucas fueron sin duda una alabanza para la Virgen María como Madre de Jesús, según la carne; alabanza hecha por una mujer del pueblo llena de admiración por las palabras y obras realizadas por Jesucristo.

Jesús sin reprochar esa alabanza para su Madre, su respuesta está orientada hacia el vínculo espiritual -igualmente fuerte y lleno de afecto como el que hay entre una madre y su hijo- que deriva de la escucha y de la observancia de la Palabra de Dios, de los que son discípulos del Señor.

Este 10 de mayo queremos reconocer “los senos que nos llevaron y los pechos que nos criaron”, dar las gracias y pedir por todas las progenitoras que han hecho el don de sí mismas para que nosotros seamos.

Ellas, las madres junto con la participación de sus esposos son reflejo del engendrar divino, de la paternidad de Dios. Si la maternidad y paternidad tienen esa dimensión trascendente, significa entonces que hay que superar la idea de que engendrar se reduce a un proceso biofisiológico: lo que se engendra es una persona.

Aunque el ser padres corresponde a los dos, al hombre y a la mujer, sin embargo, en ello la mujer tiene “la parte más cualificada”, especialmente en el periodo “prenatal”, lo cual “absorbe literalmente las energías de su cuerpo y de su alma”, enseñaba San Juan Pablo II.

El Pontífice agregaba que “la maternidad conlleva una comunión especial con el misterio de la vida que madura en el seno de la mujer. La madre admira este misterio y con intuición singular «comprende» lo que lleva en su interior”