Editorial

MARZO 2017

EDITORIAL

Voy ahora a escribir de mi ciudad Irapuato. Pero no lo haré más que desde hace veinte años a la fecha, pues considero que es en las dos últimas décadas en la vida de los irapuatenses, donde los cambios han sido más sustanciales, las exigencias han requerido de respuestas casi inmediatas, el crecimiento urbano y poblacional demanda una correcta y mejor planeada proyección para próximos tiempos; hay que imponer a las necesidades que presenta una ciudad de término medio como la nuestra, soluciones que cimenten el desarrollo social, económico, productivo, comercial, educativo, habitacional, servicios, entre otros, para que podamos sentir el orgullo de decir que desde hace veinte años, Irapuato tiene una mejor perspectiva y que en verdad planeamos un mejor futuro para las generaciones de finales del siglo XX y principios del XXI, que al momento ya son los ciudadanos adultos y preparados que darán continuidad a la proyección y desarrollo de Irapuato entre las generaciones por venir.

Hay que haber nacido en Irapuato, ser descendientes de gente originaria de Irapuato, ser los tutores de la nueva gente de Irapuato, pero sobre todo, querer con orgullo y mucho cariño el terreno que es la raíz de nuestras actuales familias, pues aunque muchos ciudadanos podemos venir de décadas más atrás, es en el presente cuando podemos ofrecer nuestros mejores conocimientos, nuestras experiencias y vivencias, inculcar el cariño, el sentimiento de arraigo, las victorias logradas ante los retos de nuestra tierra, el afán y deseo de superación de la gente, demostrar nuestra nobleza y deseo de convivir, de ayudar al prójimo, de ser mejores personas, ser fuertes para seguir trabajando por nuestra tierra, que seguramente Dios tiene bien protegida, porque nuestra Fé es Cristiana y así como mantenemos la esperanza para vivir, también debemos ser temerosos de algún castigo divino, pero ante todo pedir al Todopoderoso que no olvide esta tierra que es la raíz del árbol que deberá seguir siendo frondoso y aportador de buenos frutos por el tiempo indefinido. Que así sea su voluntad.

Haciendo memoria del Irapuato de hace veinte años, podemos dar constancia de cómo año tras año el desarrollo comenzó a hacerse más presente principalmente en el sector productivo e industrial, la atracción de capitales y la necesidad de trabajadores y gente capacitada aceleró la exigencia para que en su momento, los gobiernos municipales de manera progresiva tuvieran la visión de aprovechar las oportunidades y por lo tanto asumir su responsabilidad como el ente organizador del proceso económico, de crecimiento, de educación, aportación de servicios, infraestructura urbana y rural, planeación para los problemas demográficos y desde ese entonces, ver de forma más positiva como encontrar soluciones, proyectos, planes, organización, cooperación, apoyo mutuo y otros factores que en conjunto, ahora pueden hacer sentirnos más orgullosos de lo que estamos fincando, pero sin poder dejar de considerar que se han tenido fallas en los diferentes campos, donde podemos destacar la forma de gobierno de cada mandatario local, de la conformación de su equipo de trabajo, de la integración de planes de gobierno, de la falta de consulta entre la población, la falta de comunicación y transmisión de información, la división que se ha creado en los últimos veinte años por la diversidad de representantes populares de diferentes partidos políticos que han integrado los Ayuntamientos y que en su momento han sido obstáculos en el desarrollo, pero que no han bastado para que los irapuatenses sigamos en el proceso de ascender y aspirar a más.

C O N T R A S T E S.

Pero un municipio en pleno desarrollo, una ciudad como Irapuato que ahora comienza a destacar tanto en las estadísticas como en su promoción, no puede dejar de vivir problemas que afectan a sus aspiraciones y que en contraste, se convierten en la parte negra, en la parte oscura que se transforman en un reto y a veces en una barrera que es creada tanto por la ambición de poder, de dominio, egoísmo, envidia, venganza, rencor y otros muchos calificativos que permanecen aún en el interior de muchas personas, en su alma, en su ego, en su mente negativa y destructiva, que en lugar de ver las cosas con optimismo, se encuentran con todo lo negativo y se convierten en guerrilleros del progreso, lo acribillan, lo bombardean, lo atacan por todos lados, desde todos los bandos y desde todos los sectores sociales, principalmente desde las trincheras políticas, de gobierno y de delincuencia.

Desde hace veinte años a la fecha, se han tenido Presidentes Municipales que antes de llegar al poder han hecho compromisos ante la ciudadanía, han ofrecido sacrificarse, desvelarse, buscar soluciones a los problemas, ser gestor, tener visión de progreso y de crecimiento, apoyar a los que menos tienen, ayudar al medio rural, crear fuentes de trabajo, modernizar la ciudad, crear obras emblemáticas y de gran necesidad y servicio mayoritario, contar con un gran equipo de gente trabajadora en sus gabinetes y tantas ofertas más, con tal de allegarse la confianza de la gente que más adelante les pueda apoyar con su voto y finalmente ocupar el lugar número uno en el gobierno del municipio, como ya ha sucedido durante varios trienios en los últimos veinte años.

Pero ante todo lo que se ha mencionado y que suena y parece muy sugestivo para que podamos tener una mejor ciudad, el contraste es que no siempre se dan todas las cosas como se plantearon, no se cumplen muchos de los compromisos que se ofrecieron, quedaron cuentas pendientes de cubrir, falló la gente con cargos en las dependencias, no existe unanimidad en el Ayuntamiento por la diversidad de representantes, se oculta información, se cambian o se anulan los proyectos que se anunciaron, varían las cifras presupuestales, se olvidan del acercamiento con la población, de conocer la problemática que se sigue generando con el paso de los años, de atender los problemas sociales básicos como apoyar en salud, alimentación, marginación, educación, capacitación, asistencia a adultos mayores, se dejan trabajos a medias, tratan de ocultar sus errores y su irresponsabilidad con acciones superfluas y que sólo sirvan para alagar su propia vanidad y aparentar que todo lo han hecho bien.

Como gobernantes, como representantes populares, como servidores públicos y como seres humanos, como personas con sentimientos e integrantes de una sociedad entre otras cosas, no pueden olvidar que en la vida se pueden tener aciertos que ayudan a que su personalidad se adjudique la estimación de sus semejantes, que aumente la confianza y que sean considerados como personas de alto valor y que deben seguir con su papel de guías de su tierra y de quienes somos su gente. Pero también hay que tener presente que no se trata de seres perfectos, sino que también cometen errores, tienen fallas, faltan a sus promesas, engañan a la gente, son creadores de dudas, provocan incertidumbre, pierden credibilidad y confianza y por mucho más, es que aún no podemos considerar que ya avanzamos en caballo de hacienda, sino que estamos en el momento de reflexionar, de tener una visión más clara de lo que tenemos y lo que nos falta, por lo que aquí no queda de otra más que hacer la correcta conjunción entre autoridades y sociedad, para que las cuestiones negativas como puede ser la seguridad como ejemplo, puedan ser mejor combatidas y contrarrestadas para mejorar la calidad de vida.

Por eso hay que ver que desde hace veinte años y hasta el presente, ahora si se debe “pensar para hacer y no hacer para pensar”. Los gobiernos no son dioses a los que se les tenga que alabar y adular sus acciones, sean buenas o malas, aceptar sus errores y sus justificaciones, aceptar sus condiciones y hasta caprichos para ejercer su mandato, soportar su arrogancia y muchas cosas más, cuando saben muy bien que su cargo es para servir a la población, para atender y buscar solución a los problemas, para legislar, para promover lo actual y tener visión futurista para dejar un buen legado a quienes vienen atrás. Y también los ciudadanos, en este caso los irapuatenses que son de quienes estamos escribiendo, deben ser exigentes, hacer valer sus derechos, que hagan que se cumplan los ofrecimientos, se hagan realidad los bienes materiales que les ayudará a vivir mejor, se les dote de servicios, de asistencia y de protección, para poder tener la confianza de que podemos tener aún confianza de que persisten personas de buena voluntad y que en verdad quieren a Irapuato. Dejemos los pleitos, las grillas, los golpes bajos, los destapes, los aventones, el exhibicionismo, el futurismo y tantos otros vicios más que se conjuntan cuando se trata de manejar la política y de luchar una vez más por el poder, donde los intereses están antes que cualquier bien para la gente y donde los partidos y los malos dirigentes sólo han ocasionado que desde hace veinte años hacia atrás, hayamos vivido en un estado estático o de retroceso, por lo que ahora la mentalidad tiene que ser otra; es el momento de ver con optimismo, con visión, con planeación y proyección, lo bueno que queremos para Irapuato, para su gente y para que las décadas por venir puedan llenar de orgullo a quienes desde ahora fincan el futuro, con una mejor aplicación de la inteligencia y la planeación para mejorar todos.