Estudiantes de la UG llevan sus emociones a la música sinfónica

– Gustavo Botello Avilés, Joana Itzel Marcela López Almaguer y Vanessa Guadalupe Méndez Martínez ganaron los tres primeros lugares en el certamen organizado por la Casa de Estudios
Guanajuato, Gto., a 10 de septiembre de 2026.- Convertir una idea, una emoción o una experiencia en sonido requiere imaginación y una profunda sensibilidad artística. Para tres estudiantes de la Universidad de Guanajuato (UG), esa sensibilidad encontró un escenario con la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), quien presentó sus tres miniaturas durante el concierto “Nuevas voces, grandes maestros”, en el Teatro Juárez.
Las obras ganadoras de este certamen universitario, convocado por la Dirección de Extensión Cultural, la División de Arquitectura Arte y Diseño, el Departamento de Música y Artes Escénicas y la OSUG, fueron interpretadas por la agrupación, a cargo del director invitado Luis Manuel Sánchez.
El programa presentó, en orden, Omnia mutantur, de Vanessa Guadalupe Méndez Martínez, ganadora del tercer lugar; Hijos del tiempo, de Joana Itzel Marcela López Almaguer, acreedora del segundo lugar; y El viejo y el mar, de Gustavo Botello Avilés, obra ganadora del primer lugar.
Gustavo Botello Avilés, primer lugar
Estudiante de la Licenciatura en Música de la UG, Gustavo Botello encontró en la composición un espacio reciente, pero estimulante, para explorar sus ideas musicales. Su interés surgió de la inquietud por descubrir las posibilidades expresivas de los sonidos que imaginaba y que permanecían en su mente.
“Este interés por componer música se dio recientemente, en los últimos meses he tenido este interés. La inquietud por querer explorar, en la composición, las ideas musicales que puedo tener o que siempre están ahí, como sonando. Es un campo que me ha parecido muy excitante y grato”, comentó.
Para Gustavo, la música posee una capacidad singular para transmitir aquello que otra persona piensa, siente o experimenta. Esa concepción se encuentra en el centro de El viejo y el mar, una pieza programática inspirada en la novela homónima de Ernest Hemingway, obra que tuvo un impacto especial en su vida y que se convirtió en el punto de partida de su propuesta musical.
El mar ocupa un lugar central en su composición. Las referencias musicales de Claude Debussy y Maurice Ravel, junto con las posibilidades tímbricas de una orquesta, le permitieron explorar sonidos asociados con la naturaleza y el ecosistema marítimo. A partir de esas imágenes, buscó construir una narración sonora capaz de trasladar al público a distintos momentos de la historia.
“En vez de que la historia trate sobre una gran victoria, trata sobre como regresas a tu vida después de lo que pudo haber sido una gran victoria y se convirtió en tu más grande derrota”, explicó Gustavo.
La creación de la miniatura también representó un desafío técnico, ya que tuvo que encontrar la manera de combinar los instrumentos, construir texturas y establecer relaciones armónicas que permitieran transmitir el carácter narrativo de la obra. Los cambios de armonía, el ritmo y la incorporación progresiva de los instrumentos se convirtieron en recursos para conducir al público a través de la historia.
La formación en la UG fue fundamental para este proceso. Las clases de Orquestación I y II, a cargo del maestro Miguel Urquiza, ampliaron su panorama musical y fortalecieron sus herramientas para acercarse a la escritura orquestal. La escucha constante de distintas obras y las recomendaciones de sus docentes también enriquecieron su perspectiva como compositor.
Para Gustavo, que una orquesta profesional interprete una obra creada durante la etapa universitaria constituye una experiencia extraordinaria. El certamen representa un puente entre la formación académica y el ámbito profesional, además de una oportunidad difícil de conseguir de manera independiente para un estudiante de composición.
Joana Itzel Marcela López Almaguer, segundo lugar
La composición representa para Joana Itzel Marcela López Almaguer una forma de exteriorizar aquello que piensa, vive y es. Estudiante de la Licenciatura en Música de la UG, encontró en esta disciplina una vía para transformar sus ideas en sonidos y explorar nuevas posibilidades dentro del lenguaje musical.
Su miniatura, Hijos del tiempo, toma como referencia el movimiento primitivista del siglo XX y la obra de compositores como Igor Stravinsky, Silvestre Revueltas y Béla Bartók. La pieza busca una sonoridad visceral mediante el uso del ostinato, recursos derivados del lenguaje modal y técnicas extendidas, sobre todo en instrumentos de aliento y madera.
Uno de los principales retos para Joana fue establecer una visión general de la obra y encontrar los puntos esenciales que permitieran construir un discurso musical coherente.
El certamen adquirió, para ella, un valor especial por la posibilidad de escuchar su obra a cargo de una agrupación profesional. La experiencia también le permitió conocer el lenguaje compositivo de sus compañeros y compartir un proceso de crecimiento artístico.
«El concurso de las miniaturas realmente es una oportunidad muy grande para nosotros los compositores, porque es muy difícil que en este punto de nuestra educación podamos conseguir que una orquesta profesional pueda tocar nuestras obras. Entonces, realmente es muy importante nuestra participación en este concurso y aprovechar esta gran oportunidad que nos brinda nuestra universidad».
«Tener contacto con los músicos es muy enriquecedor porque ellos te pueden dar una retroalimentación acerca de tus ideas, de musicales y también de escritura. Ellos que conocen muy bien su instrumento, pueden hacer observaciones o sugerencias, incluso preguntas; de esa manera, la obra pueda lograr un mejor resultado sonoro», comentó.
Vanessa Guadalupe Méndez Martínez, tercer lugar
Para Vanessa Méndez, estudiante la Licenciatura en Música de la UG, el interés por crear sus propias obras surgió a partir de sus clases de análisis y armonía. En ellas, descubrió que la música trasciende las notas y abrió la puerta a nuevas posibilidades expresivas.
Así, la composición se convirtió en su forma de manifestar sentimientos, ideas e imágenes. Su miniatura, Omnia mutantur, parte de una frase en latín asociada con la idea de que todo cambia y nada permanece. Desde ese concepto, construyó una obra relacionada con la contraposición entre lo físico y lo espiritual.
«Esta frase engloba la idea de la mente en psicosis griega, que es la transmigración de las almas; el hecho de que el alma es algo eterno que va volviendo de un cuerpo a otro manifestándose, pero el cuerpo es perecedero y el alma no. Entonces, quise expresar la contraposición de estos opuestos que, a la vez, se complementan del alma y del plano físico», explicó Vanessa.
El proceso compositivo implicó retos tanto técnicos como personales. Uno de ellos consistió en imaginar cómo sonarían las ideas en una orquesta, por ello, haber sido seleccionada entre las obras finalistas representó un motivo de agradecimiento hacia la UG.
La formación recibida en la UG también ocupa un lugar fundamental en su trayectoria. Vanessa reconoce el valor de las herramientas proporcionadas por sus maestros de composición y orquestación, así como la existencia de un espacio universitario que permite a estudiantes acercarse a una orquesta profesional.
Las tres miniaturas ganadoras muestran distintas formas de entender la composición, una mirada inspirada en la literatura y el mar; una exploración de sonoridades viscerales a partir del lenguaje musical del siglo XX, y una reflexión sobre la transformación y la relación entre el cuerpo y el alma.
Con iniciativas como esta, la UG fortalece los vínculos entre la formación y la práctica profesional, para que las nuevas generaciones de compositores encuentren una voz propia.


